20 enero 2008

Soy Leyenda

Soy Leyenda es la adaptación de la famosa novela de Richard Matheson, publicada en 1954 y que ya ha sido llevada al cine en otras dos ocasiones. Esta nueva revisión del clásico descarta el concepto de los vampiros del libro, pero destaca por imponer una atmósfera de decadencia y de soledad infinita, aparte de crear un fuerte clima de tensión en las escenas de acción.

La película comienza con una entrevista durante la cual una tal doctora Alice Krippin desvela que ha descubierto la cura contra el cáncer (algo que Emma Thompson anuncia después de una pausa sutil, como si ni ella misma se lo pudiera creer, comprobando en esta escena que una buena actriz no necesita un gran papel para causar una gran impresión). Luego la historia avanza tres años en el tiempo y descubrimos a una Nueva York desolada, tomada por la maleza y por animales salvajes. Es entonces cuando aparece el protagonista, el teniente coronel Robert Neville, en apariencia el último superviviente de la especie humana después de que un virus exterminase la mayor parte de la población y transformara a la restante en aberraciones de la naturaleza.

Como hizo Tom Hanks en “Naufrago” Will Smith tiene una difícil tarea: la de cargar sólo con la narrativa, teniendo que despertar el interés del público sin depender mucho de los diálogos. Vemos como el guión (así como en el libro), se nos muestra a un Neville como una persona que tiene a la rutina como una amiga fiel para no enloquecer. Mención especial a la forma que tiene el personaje en ver programas grabados en vídeo o en conversar con maniquíes con la intención de simular una normalidad que, desde luego, está muy lejos de existir. Del mismo modo, tenemos su intensa búsqueda de una cura nos revela que aún tiene una esperanza…y es justo cuando cree haber visto a alguien vivo en medio de la ciudad cuando finalmente deja su máscara de pasividad , revelando un comportamiento que casi roza la locura cuando le vemos gritarle a uno de los maniquíes (uno de los mejores momentos de la narrativa, junto a la que implora a otro de los maniquíes que por favor le diga algo).

Y si Hanks contaba con la famosa pelota de voleibol Wilson, Will Smith cuenta con su perra Sam, el único ser vivo que le hace compañía, aparte de convertirse en el único eslabón que lo une con su pasado y protagonizando el que sin duda para mí es el momentazo del filme en el que el personaje, definitivamente, se queda totalmente solo de una forma bastante dolorosa. Confiando en la inteligencia del espectador, no se pierde tiempo martilleando con informaciones a través de diálogos interminables, optando por presentarlas sutilmente a través de una portada de revista, de recortes, de flashbacks…

Lo que no me convence mucho, es el diseño de las criaturas: si, muy bien hechas, pero prácticamente sólo son muñecos digitales terriblemente artificiales en sus maneras (no estando ni mucho menos en contra de los efectos especiales por ordenador, pero en este caso me hubiera parecido mucho más convincente unos actores de carne y hueso debidamente maquillados, que le hubieran dado muchísima más expresividad y más juego).

A pesar de esto (que algún pero tenía que tener la película), Soy Leyenda me pareció una cinta que funciona en su aspecto más importante: nuestra identificación con el protagonista, Robert Neville gracias al carisma y a la interpretación del cada vez más eficiente Will Smith.



Trailer de "Soy Leyenda"

14 octubre 2007

Mystic River, de Clint Eastwood



Tres chavales, Jimmy, Sean y Dave están jugando en una típica calle de un barrio trabajador de Boston cuando son interrumpidos por un policía (o lo que parece un policía). El hombre, enseñando furtivamente una placa, riñe a los amigos por estar escribiendo sus nombres en el cemento mojado de la acera, diciéndoles que se tiene que llevar a uno de ellos preso. Después de preguntarles donde vivían, el hombre decide llevarse a Dave, ya que este es el que más lejos vive y así tendrá oportunidad de decirle a sus padres los actos de vandalismo que se dedica a hacer su hijo. Jimmy y Sean no pueden hacer nada y se limitan a observar como el coche se va alejando con un Dave dentro, que no para de mirar hacia atrás, hacia sus amigos... El hombre, que era en realidad un pedófilo, durante cuatro días se dedica a abusar de Dave de todas las formas imaginables posibles mientras lo mantiene encerrado en un zulo. Dave consigue huir, pero su vida quedará marcada para siempre, así como la de sus amigos.


Este es el arranque de Mystic River,película dirigida por Clint Eastwood basada en el libro homónimo de Dennis Lehane. Eastwood es como los vinos, que conforme envejece va creciendo su calidad. Es también un ejemplo de cómo una estrella, después de una carrera de éxito como actor, elige estar detrás de las cámaras para dirigir sus propias películas, realizándolas al estilo de sus mentores Don Siegel y Sergio Leone. Con Siegel, aprendió a hacer películas de manera rápida y económica, filmando lo necesario y manteniendo un set organizado. De Leone, Eastwood absorbió el lado más artístico y su tendencia a narrar historias épicas. Reune a un grandísimo reparto: Sean Penn, Kevin Bacon, Tim Robbins, Laurence Fishburne, Laura Linney, Marcia Gay Harden..., y no solo se quedó en dirigir a este excelente elenco de actores, sino que también se encargó de producir la película y –sorpresa- de realizar toda la banda sonora.



Veinte años después, los tres amigos se vuelven a juntar bajo circunstancias bastante tristes: La hija de Jimmy (Sean Penn), Katie, es brutalmente asesinada. El policía encargado del caso es Sean (Kevin Bacon), (junto con un Laurence Fishburne interpretando a su compañero). Para complicar aun más la historia, la última persona en ver con vida a Katie fue Dave (Tim Robbins), en un bar de copas con unas amigas horas antes de su desaparición, y llegó a casa a altas horas de la madrugada, con la ropa llena de sangre y muy asustado ante la mirada perpleja de su mujer (Marcia Gay Harden). Después de tanto tiempo, nos encontramos a un Jimmy ilusionado pues la menor de sus hijas va a hacer la comunión, pero su hija mayor Katie no acaba de aparecer en la ceremonia después de una noche de fiesta con sus amigas, Sean es mostrado como un competente policía que ha sido el único en poder huir de su antiguo barrio, abandonado hace seis meses por su mujer, que lo llama todos los días y se queda callada, oyendo como Sean le cuenta sus inquietudes y lo que ha hecho a lo largo del día; Dave aparece como un buen padre y marido, ya bastante recuperado pero aun muy marcado interiormente por el infierno que tuvo que sufrir durante los cuatro días de abusos continuos en su infancia.


Es increíble como un actor como Sean Penn, que comenzó como rebelde del cine norteamericano en filmes de escaso presupuesto y de poca calidad cinematográfica, se ha ido convirtiendo con los años en un intérprete sólido, firme y que es capaz de transmitirnos toda la intensidad de Jimmy, un padre cuya hija ha sido asesinada. Tim Robbins (ganador del Oscar al Mejor Actor Secundario por esta película), como siempre, sublime, contar con el para hacer una película ya es garantía de al menos, una cierta calidad, y Kevin Bacon, eterno actor secundario, encuentra en esta película probablemente, y según mi opinión, la mejor interpretación de toda su carrera.


Hacer especial mención al final, lleno de tensión y de metáforas,preguntándose qué hubiera pasado si en lugar de subir Dave hace veinte años a aquel siniestro coche, hubieran sido Jimmy o Sean.


Gran película, altamente recomendable y que quedará en los anales del séptimo arte como un clásico.






07 septiembre 2007

El Maquinista, de Brad Anderson

El maquinista, es ante todo, una película sorprendente. Dirigida por Brad Anderson (director de la también inquietante “Session 9”, con David Carusso), a mi parecer, promocionada insuficientemente y puede que, si no llega a ser por el bombo y platillo que se le dio a la escandalosa pérdida de peso de Christian Bale, no hubiese llegado a tener una distribución que, sin duda, se merecía.

Con un ambiente de filmación siempre en un color grisáceo, para transmitirnos ese aire de “pesadilla” en el que suele vivir nuestro protagonista, estamos ante una cinta oscura, y muy bien planteada para que el espectador se sienta en la piel de Christian Bale, tanto de sus miedos como de sus paranoias y/o locuras.

La película narra la historia de Trevor Reznik, trabajador de una fábrica de montajes, y tiene un gran secreto que a la vez se convierte en el centro de su existencia. Lleva un año sin poder conciliar el sueño (cada vez que intenta dormirse, algo ocurre que le despierta), debido a este terrible incidente que le atormenta constantemente. Vive solo en su apartamento, y solo tiene relación con Stevie, una prostituta con la que mantiene relaciones regularmente (Jennifer Jason Leigh) y con Maria, la camarera del aeropuerto al que Trevor suele ir a tomar café (Aitana Sánchez-Gijón). Todo parece transcurrir dentro de una relativa normalidad hasta que, un buen día, en uno de los descansos de Trevor en la fábrica, se encuentra al extraño personaje de Iván, que le cuenta que es un nuevo trabajador de la factoría... y a partir de este momento se empiezan a desarrollar los acontecimientos de una manera frenética. Iván se convierte en la obsesión de Trevor. Cree que todos están en una especie de complot para terminar con el. De repente, el compañero de trabajo de Reznik, Henry Miller(interpretado por el inolvidable Michael Ironside) pierde un brazo por culpa de la negligencia de Trevor. El echa la culpa a Ivan, “el nuevo”, el que, según relata a los jefes de la empresa, le estaba entreteniendo desocupando así sus funciones junto a Miller. La paranoia por el supuesto “complot” llega a tal punto que es despedido de su trabajo, y todos los que están a su alrededor, empiezan a tambalearse, como si fueran un mal sueño.

Este instante es un comienzo frenético para algo que no se puede relatar para no fastidiar el argumento de la película, el cual se va desvelando de una forma bastante natural y para nada artificiosa. Bebiendo mucho de películas como “La escalera de Jacob” o incluso “Memento”, y de algunas influencias del cine de terror psicológico, “El maquinista” es una pequeña joya que nadie tendría que dejar de pasar por alto. Christian Bale hace una interpretación magistral, no sólo por, como he comentado antes, la pérdida de peso tan acusada (la cual, verdaderamente, asusta y sirve para comprender en lo que puede llegar a convertirse un hombre desesperado y tocado por la paranoia, como el Trevor Reznik), sino por un saber estar ante una cámara y actuar consecuentemente. Bale es un valor que está subiendo enteros en cuanto a grandes actores interpretativos, y ya se le están abriendo muchas puertas de la Meca del Cine (como podemos ver en sus últimos estrenos) al que en otro día fuera el niño elegido por Spielberg entre 4000 candidatos para interpretar al protagonista de “El Imperio del Sol”.

Recomendada especialmente para los seguidores de ese cine que invita a mover las neuronas y a estar 2 horas pegado al asiento.




24 julio 2007

Memento, de Christopher Nolan

Después de cosechar un gran éxito de crítica en medio mundo, el experimento que es “Memento”, conquista al público por su originalidad y osadía, características ausentes en la mayoría de las películas de los grandes estudios, por desgracia, y donde muchas veces los filmes se hacen como si estuvieran en una cadena de montaje, mecánicos, sin sentimiento... pero “Memento” es un paréntesis en toda esa vorágine de la industria cinematográfica. Es complicado de entender, difícil de comprender en un primer visionado, pero hecho con tanto talento y pasión por el séptimo arte, que es imposible no quedarse enganchado a la historia, pese a lo enrevesado de su planteamiento.

Como ya es conocido por muchos, la historia es contada de una manera invertida. Siendo así, comenzamos por la escena final y vamos retrocediendo en el tiempo, hasta que descubrimos como comenzó la película. Pero no penséis que vais a ver diálogos al revés o personas andando hacia atrás. El film está dividido en varios segmentos, y son esos segmentos los que sufren la inversión temporal. El comienzo de cada segmento es el final del próximo. Al principio, puede parecer complicado para el espectador, pero a los 20 minutos de proyección, es fácil acostumbrarse. Esta inversión no es solo un recurso estililístico de la película, el director y guionista Christopher Nolan quiso, con esta inversión, hacer que el espectador sienta lo más posible, lo que pasa por la cabeza del personaje de Leonard Shelby (Guy Pearce), que sufre una dolencia llamada “pérdida de la memoria reciente” desde el brutal asesinato de su mujer. Dicha dolencia se trata de la imposibilidad de recordar más de diez o quince minutos seguidos. Cualquier acontecimiento ocurrido antes de la muerte de su esposa (infancia, trabajo, familia, anécdotas, amigos...) es recordado perfectamente, pero desde el incidente, le es incapaz de grabar en su mente un recuerdo, de tal manera que no tiene una consciencia exacta de cuando murió su mujer, de cuanto tiempo lleva padeciendo esa dolencia... porque lo último que recuerda es el brutal asesinato. La única manera que tiene Leonard de tener conocimiento de lo que le va ocurriendo es hacer fotografías de todo lo que ve, de las personas con las que tiene contacto (detrás de estas fotos, escribe características del individuo, como su nombre o si debe confiar en él), anotarlo todo, hacerse tatuajes por todo el cuerpo con las informaciones mas importantes. Tanta preocupación no es en vano... Leonard busca al asesino de su mujer y planea matarlo cuando se encuentre cara a cara con él. Pero el asesino puede ser cualquiera, y Leonard, debido a su dolencia, corre el riesgo de ser manipulado y engañado. Acaba conociendo a Natalie (Carrie Ann-Moss) y a Teddy (Joe Pantoliano), de los que, según va avanzando (o retrocediendo, según se mire) la trama, van cambiando de buenas personas a seres pusilánimes.
Nolan utilizó la inversión temporal de una manera muy inteligente, pues solo descubrimos la “verdad” junto al protagonista. En un ejemplo más gráfico, la sensación que se tiene observando la cinta es que estamos recuperando la memoria junto a Leonard. Así, la sensación de suspense está garantizada hasta el final (o hasta el comienzo, según este planteamiento). Las vueltas del guión son tan constantes y tan bien estructuradas que frecuentemente el espectador se encuentra repensándolo todo... y el final, donde el comienzo de la historia es revelado, está abierto a tantas conjeturas y tantas posibilidades que es difícil encontrar dos personas con la misma teoría. El guión, por lo tanto, es una verdadera filigrana, y puedo asegurar que la historia funcionaría igual de bien si el orden cronológico no fuera a la inversa.
Las actuaciones, que están muy marcadas en esta trama, son excepcionales. Guy Pearce sale muy bien parado y consigue transmitir toda la angustia y tensión que el papel exige. Los personajes de Joe Pantoliano y Carrie Ann-Moss (que, de nuevo repiten película, después de la exitosa Matrix) también están muy bien aprovechados, ambos actores son muy cuidadosos con sus interpretaciones, ya que las verdaderas intenciones de sus personajes cambian varias veces. La música es muy melancólica, y acompaña muy bien el sentimiento de que todo parece nuevo y viejo a la vez, de que todo se desvanece, parafraseando a Rutger Hauer en Blade Runner, “como lágrimas en la lluvia”. También me llamó mucho la atención que algunos detalles especialmente importantes, están filmados en blanco y negro, como por ejemplo los recuerdos de Leonard anteriores al asesinato de su esposa.
Es gratificante poder ver una obra como Memento, que divierte, hace pensar y “engancha”. Cuenta una historia excelente, y sobre todo, “osa” ser un film contado de una manera nunca antes vista.

05 julio 2007

Películas que "acojonan" y esas escenas que nos marcaron

Pensando pensando(y sin que sirva de precedente), se me ha ocurrido hacer memoria y pensar en esas películas que nos han dado verdadero miedo, terror, o símplemente una insana inquietud o sensación molesta en el estómago...a lo mejor no en la actualidad, pero sí en el momento de verlas. Si os fijáis, luego estas películas se van convirtiendo en cintas que tienen un "morbo" especial, y del miedo se pasa al estupor, y del estupor a la admiración.

En mi caso, con los años me he "curtido" más(teniendo en cuenta que la primera película que ví en el cine con 6 años fue Aliens y que tengo un padre que por sistema me llevaba al cine a ver todo lo que sonara a Terror o a Ciencia Ficción y le decía al portero"Ya sé que es menor, pero entra bajo mi responsabilidad!!!"), pero sobre todo en mi infancia y adolescencia, hubo películas que me pusieron los pelos de punta: es el caso de Poltergeist, de Tobe Hopper(casualmente este señor tiene en su haber el honor de haber filmado dos de las películas que más me marcaron), por poner un ejemplo...mira que la he visto veces, mira que ya me la sé medio de memoria(otro momento traumatizante:cuando el padre sale y le dice a su jefe al final "¡Cambiaron las lápidas de lugar, pero no las tumbas!!!" y empezaron a salir ataúdes por doquier)...pero no importa, ya no volveré a mirar ni a los payasos ni a los árboles igual: me acuerdo que hace un par de veranos, me dió por revisarla...os juro que me tiré toda la noche mirando al ciprés que hay enfrente de la ventana mirando por si le daba por secuestrarme(¡que verguenza, dios!).


Cuidado con los payasos que salen por debajo de la cama cuando te descuidas...¡huelen el miedo!


Otra película fue "La Matanza de Texas", de Tobe Hopper-también-. Esas carreteras semi-abandonadas con kilómetros y kilómetros sin ver un coche, esa familia viviendo ahí en medio de la nada riéndose mientras se disponen a comerte y mientras el abuelo te succiona la sangre, ese Cara de Cuero...ese ruido de motor del generador de luz(maldito, sonabas en mis pesadillas)...esa protagonista huyendo y corriendo en medio de la carretera...


Nota para excursionistas perdidos: si montáis en vuestra furgoneta a un loco con patas de conejo y huesos colgados en el cuello y que se corta la mano a modo de "hobby" con una navaja de dudosa procedencia...¡Luego no me vengais con eso de "uy, que me comen"!!!


Los muertos dominarán la tierra(lo cual asustaba bastante), decía George Romero...y así fue en "La Noche de los Muertos Vivientes". De repente, zombies por doquier, unos extraños encerrados en una cabaña protegiéndose de ellos y casi peores en su comportamiento que los seres que estaban intentando entrar...esa sensación y esa paradoja y comparación que siempre ha hecho Romero entre los Zombies y los Humanos, nunca explicando con claridad cómo aparecen...y cómo poco a poco se van haciendo con todo el planeta es una idea que en sí mismo asusta.



Si es que tenías que haberla puesto a dieta antes de bajarla al sótano...

Phenomena, de Dario Argento, con esos pasajes tan lúgubres, con esa Jennifer Conelly con poderes y con ese "affaire" con los insectos y ese asesino en serie...pues sí, tenía un no se qué inexplicable que asustaba.

Estaba por poner uno de los pósters de la Película ahí en plan neorromántico o esto. Me quedo con lo que da asquete. Hala.

Pesadilla en Elm Steet...ya si no teníamos bastante con zombies, con gente que construía encima de cementerios, de una adolescente siniestra a la que le gusta más la compañia de los insectos que la de los humanos y con tipos con una máscara hecha de piel humana...pues nos viene un señor que nos mata en sueños: ¿Que hacemos contra eso? Pues acojonarnos, y más si la vemos a tierna edad. Cuando Freddy Krueger grita "yo soy Dios!!!" con los brazos extendidos...creo que esa noche no dormí.


¿A que molo?

Y estas son, que recuerde, las películas que más miedo me han dado y que todavía, cuando veo, hacen que se me ponga un nudo en el estómago a pesar de saber lo que va a pasar. Casualmente, todas ellas se han convertido en cintas imprescindibles para mí. Si es que el masoquismo, ya se sabe...

¿Y a vosotros, qué películas os dieron verdadero miedo en su día?(y no vale decir Glitter, de Mariah Carey :D)





15 junio 2007

Magnolia, de Paul Thomas Anderson


Después de sorprender a medio mundo con la excelente “Boogie Nights”, el joven director Paul Thomas Anderson , tenía un desafío por delante, hacer que las personas que habían vibrado con la anterior película, encontraran en Magnolia algo realmente estimulante, escribiendo un guión innovador y complejo que cuenta los acontecimientos en la vida de nueve personas durante un periodo de veinticuatro horas en la ciudad de Los Ángeles. En ese sentido, Magnolia empieza de una manera cuanto menos original. En su secuencia inicial, de una manera bastante ingeniosa, aborda tres narrativas de muertes que tienen coincidencias increíbles. A partir de este punto, la cinta bucea en la vida de los personajes, creando en el espectador una expectativa tangible de descubrir como todos se interrelacionan al final de la historia.

Tal vez la mayor proeza de Paul Thomas Anderson sea su capacidad en lograr que el espectador se involucre con todas las figuras que cruzan la pantalla. Intercalando diversas tramas, el director consigue mantener un ritmo constante. Así, al mismo tiempo que acompañamos a Earl Partridge en su agonía convaleciente de un cáncer terminal, descubrimos que su esposa está metida en una especie de “cruzada” de autodestrucción por haber engañado durante años a su marido. En medio, conocemos a Frank T.J. Mackey, un “gurú” de la autoayuda que enseña a los hombres inseguros a ligar. Mientras, somos informados, de que, en realidad, Frank es hijo de Earl (cosa que averigua el enfermero del segundo, Phil, a instancias del moribundo). Aparte, Jimmy Gator, el presentador de un programa depreguntas protagonizado por niños superdotados-entre ellas, el pequeño Stanley, siempre presionado por su padre-. Gator es a la vez el padre de Claudia, una joven brutalmente enganchada a la cocaína y que por casualidad conoce al sensible policía Jim Kurring. Y no podemos olvidarnos de Donnie Smith, que en su infancia fue uno de los grandes astros del programa de Gator…y esto sólo es el comienzo, amigos.

Con una galería de personajes tan interesante, sería injustísimo destacar una sola actuación, ya que el reparto de Magnolia es totalmente competente: si por un lado tenemos a Philip Seymour Hoffman, cuya mirada de bondad y comprensión es emocionante, por otro tenemos a Tom Cruise en uno de los mejores papeles de su carrera, intenso y exagerado. Por otro lado, John C. Reilly nos demuestra que merecía un lugar en Hollywood al mantener una química perfecta con la talentosa Melora Walters…y al mismo tiempo que el joven Jeremy Blackman demuestra un talento en ciernes, el veterano Jason Robars rubrica uno de los papeles más intensos de su extensa carrera. Tenemos también al siempre competente William H. Macy, que representa a un indivíduo patético y confuso con sus propios sentimientos. La única decepción, según mi opinión, es la de Julianne Moore(y mira que esta actriz me suele gustar casi siempre), que comienza la cinta histérica y se va desinflando poco a poco.

Con 188 minutos de metraje, Magnolia no cansa, ya que siempre hay algo a lo que mirar en la pantalla. Siempre intrigante, la película posee dos escenas dignas de alabanza: la primera ocurre cuando Jason Robards se acuerda de su primera esposa y lamenta los errores cometidos en el pasado, haciendo un conmovedor discurso a la vez que todos los personajes atraviesan sus propios momentos de dificultad. La segunda es aún más emocionante si cabe, ya que representa el clímax del sufrimiento vivido por todos, que acaban uniéndose para cantar una sola canción.

Repleto de mensajes, el bello guión de Anderson, enfatiza cuestiones como el amor y las decepciones de éste, las complicadas relaciones entre padres e hijos…y son, por nombrar, apenas dos temas de este soberbio filme.

Concluyendo, para mí, Magnolia se convierte en uno de los mejores trabajos de 1999(y mira que este año fue prolífico), así como tengo la convicción que esta película se convertirá, con los años, en uno de los grandes clásicos del cine.

12 febrero 2007

Apocalypto, de Mel Gibson

Entrada realizada por Edu Lafuente, de http://www.nonina.tk

¿Quien iba a pensar que el protagonista de “Arma Letal” poseía unas dotes tan notables para la dirección?... pero lo cierto es que ya resulta innegable que Mel Gibson, que asi se llama la criatura, posee tales dotes que incluso superan con creces a sus facultades interpretativas. Gibson, estrella polémica donde las haya tras pelearse borracho contra unos policías, alardear de ideologías extremistas e impopulares y ganarse cierta fama de machista empedernido, ya había realizado otros trabajos que hablaban bien de sus capacidades a los mandos de una película, aunque fue con “Braveheart” y con “La Pasión de Cristo” con las que consiguió ser ya definitivamente tomado en serio por la industria del cine como un director competente y de calidad.


“La Pasión de Cristo”, película que contaba las ultimas horas de Jesús de Nazaret y rodada en Arameo (el idioma que se hablaba en la sociedad de Jesús) para darle un máximo realismo al conjunto de la obra, se convirtió en un éxito sin precedentes tanto de critica como de taquilla, aunque también trajo consigo las iras de ciertos sectores religiosos (principalmente de los Judíos). Sin embargo, y más allá de polémicas, lo cierto es que se trataba de una película que, en lo estrictamente cinematográfico, hacia gala de una calidad mas que evidente, mientras que también nos mostraba ese particular estilo de Gibson consistente en plasmar las cosas en la pantalla con la crudeza que sea necesaria para ser lo mas fiel a la realidad posible, sin apenas retirar la cámara ni en los momentos mas hirientes. En lo personal, considero que “La Pasión...” es una película muy buena que me hizo salir del cine completamente asqueado, no por la violencia y crudeza de las imágenes, sino por el hecho de quien era la victima y el objetivo de dichas crueldades en la película. Por ello, defino muchas veces a “La Pasión de Cristo” como “La película “gore” mas taquillera de la historia”; definición que, aunque hecha en clave de humor (evidentemente), se acerca mucho a mis impresiones reales de la obra. Con las mismas premisas de crudeza y violencia alternadas con calidad y buen hacer nos llega “Apocalypto”, la nueva película de Mel Gibson en las tareas de dirección y en la que vuelve a utilizar esos ingredientes que ya forman parte de su sello personal como autor, ingredientes que gustarán a muchos y que ofenderán y harán huir a otros muchos, pero que son indivisibles e inseparables cuando hablamos del personal estilo de Gibson tras las cámaras.





“Apocalypto” nos sitúa en plena civilización Maya, una civilización que aun plantea muchísimas incógnitas para los historiadores a la hora de dar explicación a como era posible que tuvieran en su poder ciertos conocimientos astronómicos, matemáticos o incluso arquitectónicos que se antojan bastante avanzados para una época tan primitiva. En aspectos mas místicos o espirituales también sorprenden los cultos y religiones que profesaba aquella cultura, los cuales también plantean importantes desafíos a los expertos a la hora de intentar darles un origen lógico y coherente a unas practicas religiosas tan extrañas como crueles, las cuales llegaban a contemplar incluso los sacrificios humanos de forma masiva. Por otro lado, también resulta sorprendente que una civilización tan aparentemente prospera para su época desapareciera y se extinguiera de una forma tan repentina y fugaz. Pues bien, es en este entorno Maya donde se desarrolla la película.






“Apocalypto” nos cuenta la historia de un pequeño clan indígena que vive en la profundidad de una densa jungla llevando una vida de paz y felicidad. Sin embargo, un buen día dicha paz se ve destruida por la repentina agresión de un grupo de hombres procedentes de algún lugar desconocido para dicho clan. Ese grupo de hombres, expertos guerreros y saqueadores, destruyen totalmente el pequeño poblado matando a la mayoría de sus habitantes y apresando a algunos elegidos para hacerlos prisioneros. Tras la masacre, los prisioneros son atados y obligados a caminar sin conocer hacia donde se dirigen ni que destino les aguarda, llegando a las puertas de una ciudad enorme tras largas horas de caminata. La ciudad, impresionante para alguien que jamás había salido de los limites de su diminuto clan de cabañas de paja, sobrecoge a unos prisioneros que aun no conocen que va a ser de ellos. Posteriormente muchos son subastados como esclavos (sobre todo las mujeres) y el resto acaba descubriendo horrorizado que van a ser utilizados como sacrificios humanos de un desconocido y maligno Dios. Tras una sorprendente sucesión de acontecimientos que no desvelaré para no arruinar las muchas sorpresas que aguarda la película, uno de los prisioneros logra escapar e inicia asi un épico y peligroso retorno al bosque que constituye su hogar mientras es perseguido por algunos de sus captores empeñados en darle caza, intentando asi encontrarse con su mujer embarazada y a su hijo pequeño a los que logró esconder y poner a salvo antes del inicio de la masacre de su clan.






“Apocalypto” es, ante todo, una película directa con escenas extremadamente crueles y salvajes que, sin duda, puede herir sensibilidades a diestro y siniestro. No obstante, dicha crudeza visual en ningún momento se torna gratuita o excesiva partiendo de la base de que refleja a la perfección la degeneración moral y la decadencia de valores de una cultura a la que habría sido totalmente ridículo e infiel reflejar de una forma mas “Light”. Dicha degeneración moral de la cultura Maya (que tal vez tuviera gran parte de culpa a la hora de hacer que este pueblo desapareciera de la línea temporal una forma tan relativamente fulminante) queda extraordinariamente bien plasmada por Gibson en las escenas de la gran ciudad, en la que somos testigos de la total falta de principios éticos y de valores en una población que trata a sus semejantes como objetos y que incluso llega a disfrutar de sus padecimientos y debilidades (lo que contrasta sobremanera con los adelantos matemáticos o astronómicos inauditos para la época que obraban en su poder). Dichas escenas de la ciudad son, probablemente, las mas hirientes y sangrantes del film, no ya solo por la violencia expresa que azota fuertemente al espectador en su propia cara, sino también por esa parte triste y penosa que conlleva el hecho de que un pueblo tan prospero en ciertos aspectos hiciera gala de semejante decadencia humana y moral en otros, sobre todo en los últimos momentos de su existencia como civilización y cuando ya dicha degeneración alcanzaba sus cotas mas elevadas. Simplemente extraordinario el trabajo de dirección y de documentación en toda la película, especialmente, como digo, en estas escenas. Dudo que exista alguna otra película que haya logrado reflejar la realidad del pueblo Maya en una pantalla con mejores resultados, por lo que la ambientación del film es digna de aplauso.



Si “La Pasión de Cristo” fue rodada en Arameo (y subtitulada posteriormente a los diferentes idiomas de cada país), “Apocalypto” sigue la misma estela y todos sus diálogos suenan en Maya Yucateco, la actual forma mas cercana posible al idioma real que utilizaba el pueblo Maya en su época. Gibson ha declarado que, haciendo que los actores interpreten sus papeles con el lenguaje real de los personajes, el espectador hace que su inmersión en la película se multiplique, algo totalmente cierto ya que oyendo a los personajes hablar en sus idiomas reales se consigue que el espectador se introduzca con sus cinco sentidos en la película, haciendo que toda ella sea aun mas fidedigna, real, seria y cautivadora. En mi opinión se trata de otro acierto del director que ojala repita en sus futuras producciones, siempre que esas historias se realicen en otras épocas o mediante otros personajes que hablen idiomas diferentes a los que actualmente se utilizan en el mundo.







Otro aspecto a destacar de la película es la habilidad con la que se plasma el “destino” del personaje principal mediante puntuales sucesos “accidentales” que van permitiendo su supervivencia a lo largo del film, como si dicha supervivencia estuviera de algún modo “planeada”. Introducidos en el global de la obra de una forma muy discreta y prudente logran ser creíbles y dotan a la producción de un tímido halo de misticismo que, lejos de chirriar, consigue un resultado optimo dentro del conjunto de la historia.

Por lo demás, “Apocalypto” es, en líneas generales, una excelente película muy bien hecha, muy bien ambientada y realmente bien filmada, con un exquisito trabajo en la dirección de un Mel Gibson que, ya definitivamente, se consagra como un autor a tener en cuenta, por mucho que su estilo se caracterice por esa vehemencia visceral que tiende a ser rechazada por muchos. Si bien es cierto que se trata de una producción francamente difícil e incomoda de ver en ciertos momentos debido a su desgarradora crudeza, hay que pensar que no es una crudeza gratuita, sino que es fiel a la realidad y fruto de una corrupción moral perfectamente bien plasmada que, por desgracia, invadió al pueblo Maya en algún momento de su historia y que les hizo perder el norte de sus valores; corrupción moral de la que, en realidad, ninguna sociedad esta completamente a salvo, ni siquiera la nuestra actual.